Edición: diciembre 2016
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“El mundo contemporáneo es una diáspora: cada quien se preocupa por sí mismo”

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Carmen Parra.

Carmen Parra.

Carmen Parra: medio siglo en las artes plásticas

Alejandra Leal Miranda

Rescatar el tiempo y su iconografía, Carmen Parra transforma en obra artística altares, ángeles, espacios arquitectónicos, arcángeles, águilas, mariposas y flores. Hace medio siglo montó su primera exposición en la Casa del Lago de la UNAM. Reconocida ilustradora de libros y ecóloga, desde hace tres lustros está al frente de El Aire Centro de Arte en el pueblo de Tizapán, al sur de la Ciudad de México.

El taller del artista

—Eclipsado por la promesa del bienestar americano y la globalización, México ha perdido el rumbo. Sin estructura en sus instituciones y sin compromiso de sus dirigentes, navega entre la incertidumbre y el desprecio por su riqueza natural y cultural, cuyo valor es, paradójicamente, el camino a seguir para un resurgimiento.

Así de claro es el pensamiento de la artista plástica Carmen Parra (Ciudad de México, 1944) al externar su enfado por la dinámica que prevalece en la política y en la cultura en el país, que mantiene al margen a los artistas fundadores del arte moderno, ignorando su relevancia:

—Toda nuestra vista se dirige hacia afuera. Debemos ver hacia adentro para entender qué nos pasó, por qué perdimos todo lo que teníamos, por qué teníamos un país con instituciones y con personas que manejaban las instituciones serias y, de repente, se nos fue todo de las manos.

Se define como una apasionada por el arte y la naturaleza, elementos que han marcado su vida desde la infancia al ser hija del arquitecto Manuel Parra, quien diseñó casas como la de Emilio “El Indio” Fernández; asegura que la libertad es condición de todo artista que se precie de serlo: ella ha ejercido esta profesión desde hace medio siglo:

—Soy afortunada al haber encontrado una forma de expresión y también una manera de adentrarme en lo que es el castillo interior, que es uno mismo; es una posibilidad que, después, puedes expresar en una forma de lenguaje que, en mi caso, es la pintura. He estudiado y trabajado muchos años y lo que más me gusta es la idea del taller. El taller del artista que es una especie de objeto alquimista donde se transforma la materia porque nosotros, a través del papel o de las telas o de la cerámica o del vidrio o de todas las técnicas que usamos, podemos transformarlas y, mediante esa transformación, construir un lenguaje y plasmarlo.

 

Inmersos en el gran basurero

En su casa-estudio, laberinto que conduce lo mismo a sus oficinas que al jardín o a la extensa biblioteca repleta de libros de arte, filosofía, política y literatura de autores como Pedro Ramírez Vázquez, Octavio Pazo y Mathias Göeritz, por citar sólo algunos, platica de sus reuniones con integrantes de La Tertulia, grupo al que pertenecen Eduardo Matos y Ángeles González Gamio, donde se discuten sus preocupaciones acerca de los jóvenes y su futuro en México.

De la serie Santa Teresa de Ávila. Obra de Carmen Parra.

De la serie Santa Teresa de Ávila. Obra de Carmen Parra.

—En medio de estas circunstancias, ¿cuáles son los caminos del arte?

—Nosotros siempre tenemos este problema de estar colonizados, de alguna manera. Con la globalización, todas las influencias del arte se volvieron globalizadas y entonces la tendencia en México es atender lo que propone el mercado internacional en el arte. Y como las instituciones culturales no tienen un proyecto claro para el arte en México, entonces estamos siendo realmente conquistados por este nuevo mundo del dinero. México, ahora, no tiene proyecto cultural, de ahí que todo ese mundo del libre mercado se filtre con fluidez. Hay en él, sí, algunas cosas interesantes, pero otras horribles. Porque, además, lo que hemos hecho del mundo contemporáneo es un gran basurero y lo que vemos representado en el arte es ese gran basurero que estamos viviendo.

—¿Existe un camino alterno?

—Cada chango a su mecate. Cada quien hace lo que le da la gana. Por ejemplo, cada responsable de museos hace lo que le viene en gana. Estoy muy enojada porque el Museo Rufino Tamayo no tenía, hasta este año, representado a su gestor: el pintor oaxaqueño. Conocí a Tamayo y me consta el esfuerzo que le costó ese proyecto, junto con Fernando Gamboa. La labor que hizo para formar su colección internacional es admirable: la fue pagando con su dinero y con sus cuadros para los jóvenes que no pudieran viajar y que quisieran ser artistas, para que tuvieran un ejemplo del arte de su época. Todo eso que hizo el maestro no está representado en su Museo, porque el recinto se dedica a hacer exposiciones internacionales. Es como si uno llegara al Museo Picasso, en París, y estuviera una instalación de un artista contemporáneo de cualquier parte del mundo. Son lenguajes muy válidos, pero cada quien tiene un lugar y una lectura en el espacio. El resultado es que los jóvenes ya no tienen ni idea de quién es quién en el mundo del arte. Es como si hubieran rasurado la memoria de México. Por eso las nuevas generaciones creen que el mundo contemporáneo del arte es lo que ofrece el mercado.

Hojas de tabaco. Obra de Carmen Parra.

Hojas de tabaco. Obra de Carmen Parra.

“México tiene un sistema de cacicazgos aún imperante: si quieres ser autónomo, tienes que pagar el precio”

—Ahora trataron de resarcir el daño al exhibir la colección a la que hace usted referencia…

—Sí, porque las sobrinas de Tamayo fueron a hablar con el fallecido secretario de Cultura, Rafael Tovar y de Teresa. Sólo por eso. Pero ese museo no tendría que tener otra función, sino representar el extraordinario arte que hizo Tamayo. Es como si borraran a Siqueiros o a Diego Rivera, que nos representan: son la voz de la historia de México. Por eso considero una locura que los mismos mexicanos no tengamos esa conciencia.

—Es un contrasentido, porque en el extranjero crece el interés por el arte de esas generaciones…

—Cualquier país del mundo está orgulloso de su arte, de sus artistas e historia. Aquí, la gente desprecia este país, a su historia y a sus artistas. Desprecia todo. Basta ver todas las fundaciones, son un desmadre. Ni Siqueiros, ni Orozco tienen una estructura digna que los represente en el mundo. Y ni hablar de otras generaciones, como los de La Ruptura. La fama de Frida Kahlo tampoco es nuestra labor, se debe a una señora de Nueva York que escribió un libro y, luego, la cantante Madonna quería hacer la película y compró los cuadros. Pero nosotros no hemos hecho nuestra tarea.

—¿A quién le corresponde?

—A todos, pero más a los artistas. Nos corresponde protestar y exigir que las autoridades cumplan con su trabajo. La Secretaría de Cultura federal es una estructura que, me imagino, cuesta mucho dinero y en estos momentos está como paralizada. Estamos sorprendidos de que aunque haya tantas actividades en México, no se nota que exista un programa o un proyecto que respalde lo que estamos hablando.

—Tampoco ha habido organización del gremio de los artistas, ni de la sociedad, para demandar la acción de las autoridades…

—Porque el mundo contemporáneo es una diáspora donde cada quien está preocupado por sí mismo. Estamos ensimismados, no hay idea de grupo, no hay idea de protesta porque la gente lo que quiere es el gran mundo de la comodidad consistente en tener suficiente dinero, una casa fuera de México, pagarse las vacaciones y viajar. No el compromiso real con la sociedad.

Le gusta caminar por el Jardín Botánico de la UNAM, oasis para la ajetreada vida citadina que se ha transformado en una urbe que hace distantes los caminos que antaño se recorrían fácilmente.

 

 

Versión completa en el impreso

 

Águila aterrizando en la cuenca de Texcoco (2010), de Carmen Parra. Óleo sobre tela, 180 x 103 cms.

Águila aterrizando en la cuenca de Texcoco (2010), de Carmen Parra. Óleo sobre tela, 180 x 103 cms.

Águila en vuelo

Carmen Parra ha puesto su interés en la ecología, como lo revela su trabajo sobre la mariposa monarca o su serie pictórica sobre el águila real donde no sólo muestra la belleza de este animal, sino el simbolismo que esta ave tiene en la cultura de México: los caballeros águila, el mito fundacional, las banderas, una cara de las monedas, el nacionalismo. Como esta especie está en peligro de extinción, la artista plástica realizó una reflexión entre la destrucción ecológica de esta especie y la pérdida de la identidad nacional. Ella hizo una serie de 35 cuadros de águilas reales, de los cuales ocho águilas están representadas en vuelo porque ningún pintor, en la historia de México, ha plasmado esta especie como animal sino como símbolo. Por su amor a la naturaleza y para alertar sobre el peligro que corre esta especie, la maestra le entrega al lector de La Digna Metáfora el óleo Águila aterrizando en la cuenca de Texcoco, que pintó en 2010.

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