Edición: diciembre 2016
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Más allá de una reforma, urge un pacto nacional por la educación

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Escuela rural en condiciones paupérrimas.

Escuela rural en condiciones paupérrimas.

¿Y qué sigue después de los miles de maestros despedidos?

Carmen García Bermejo

La grave situación del sistema de educación básica en el país requiere de un pacto nacional por la educación, más allá de la reforma educativa-administrativa que la SEP implanta y que no está enfocada a resolver el problema del aprendizaje de la niñez en México.

Deserciones, desempleo, incultura

A partir del ingreso de México, a finales del sexenio de Carlos Salinas de Gortari, a la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), donde se encuentran las economías más fuertes del planeta, nuestro país debe estar atento a las pautas establecidas dictadas por este organismo para diversos sectores estratégicos, como el educativo. Pero ni este mismo corporativo puede ocultar la catástrofe del sistema de educación básica que vive México y que, consecuentemente, impacta en los niveles de bachillerato y educación superior.

De acuerdo con el Panorama de la Educación 2014 elaborado por la misma OCDE, en México persisten los altos niveles de deserción escolar en la educación media superior y superior, ya que cerca del 65 por ciento de los jóvenes entre los 15 y los 29 años de edad no está inscrito en ninguna escuela, sin contar que el 22 por ciento de los jóvenes de este país no estudiaba, ni trabajaba. Además, el 40 por ciento de estudiantes de bachillerato deja de estudiar, cifra de deserción que resulta la caída más brutal entre los países de América Latina.

Examen de opción múltiple.

Examen de opción múltiple.

La UNESCO establece que la lectura y el cálculo, entre otras, son las herramientas básicas de aprendizaje con las que los seres humanos pueden sobrevivir, desarrollar plenamente sus capacidades, vivir y trabajar con dignidad, tomar decisiones fundamentales y continuar aprendiendo. Sin embargo, tampoco en estos rubros México recupera terreno.

Desde el año 2000 la OCDE aplica la Prueba Pisa a los alumnos de sus 65 países miembro. No sólo mide los programas de las escuelas de enseñanza básica de cada país, sino las habilidades y conocimientos de los alumnos para medir su desempeño. Y en cada resultado, México ha quedado siempre en el último lugar. Los escolares no saben leer y los que sí logran hacerlo, no comprenden lo que han leído e incluso muchos de ellos tienen grandes dificultades para realizar operaciones matemáticas básicas.

Cada tres años se hace la famosa Prueba Pisa y los resultados para los alumnos mexicanos son de reprobados. Al respecto, el escritor y promotor de la lectura-escritura Juan Domingo Argüelles explica que de 2000 a 2012 México no avanzó prácticamente nada en lectura; es más, disminuyó en algún momento, luego tuvo un ligero ascenso para después volver a caer:

—México empezó con 422 puntos, en el año 2000, y en 2012 estaba en 424. En 12 años sólo aumentó dos puntos, de acuerdo con la calificación. Pero el otro asunto es que la OCDE ha dicho que México, si hace bien las cosas, necesitará más de 65 años para alcanzar el nivel promedio de lectura o de comprensión de lectura que se tiene en los demás países miembro de este organismo. La prospectiva es apabullante. El nivel de estudios de la población mexicana, en general, es de secundaria terminada mientras en otros países su población tiene el nivel de licenciatura y maestría, Finlandia encabeza el esquema.

La misma educación para los niños indígenas.

La misma educación para los niños indígenas.

“Si no entendemos que lo importante es que los niños aprendan, será difícil que salgamos de este círculo vicioso de confundir lo educativo con lo laboral y lo político”

Juan Domingo Argüelles precisa que esto significa que más del 80 por ciento de los estudiantes de secundaria que presentan los exámenes de Pisa lo reprueba. Pero, además, los alumnos de secundaria sólo emplean entre 300 y 2,000 palabras de su vocabulario, de las más de 80,000 que podrían utilizar:

—Con todo este panorama, la conclusión es que estamos absurdamente comparándonos con países desarrollados, cuando México es un desastre económico y cultural. No acabamos de entender esto si no hablamos de educación. Lo que la población consigue con la educación es un mayor desarrollo intelectual, una mayor capacidad crítica, una serie de circunstancias que favorecen el espíritu inquisitivo, la duda, y que las personas no adquieren en la escuela porque el sistema de evaluación está habituado a pregunta y respuesta de opción múltiple sobre cosas que se aprenden de memoria y que, si no te sabes de memoria, no puedes explicar.

 

Operaciones básicas imposibles de resolver

En 2014 un grupo de organizaciones civiles, la Universidad Veracruzana y el Centro de Investigaciones de Estudios Superiores en Antropología Social (Ciesas-Golfo) organizaron la primera Medición Independiente de Aprendizajes (MIA) de México. Para abril de 2016, un total de 1,200 voluntarios ha visitado más de 6,000 viviendas en 607 localidades y colonias de Veracruz, Puebla, Yucatán y Quintana Roo entrevistando a más de 8,000 niños, niñas y adolescentes entre 5 y 16 años de edad para medir si saben leer y hacer operaciones matemáticas básicas.

Este ejercicio se inspiró en diversas evaluaciones ciudadanas de la educación que se llevan a cabo hace más de una década en la India, Pakistán, Uganda, Kenia, Tanzania, Mali y Senegal, convirtiéndose México en el primer país de América Latina en adoptar esta metodología.

Escuela de tiempo completo en las ciudades.

Escuela de tiempo completo en las ciudades.

Los resultados de MIA revelan que la población infantil escolarizada de Quintana Roo presenta los peores niveles de lectura, entre las cuatro entidades del país evaluadas. Sólo el 58.3 por ciento de los niños que cursan el tercero de primaria puede leer una historia. Y en cuanto al nivel de comprensión de un texto, los estudiantes de Quintana Roo también son los que presentan las peores mediciones con un 43.6 por ciento de alumnos de quinto año de primaria que mostraron deficiencias para comprender un texto simple, seguidos de Puebla, Yucatán y Veracruz, con 41.9, 40.8 y 31.9 por ciento, respectivamente. En matemáticas se presentan deficiencias aún más severas que en la lectura, en particular en nivel secundaria, ya que un 66.7 por ciento de los alumnos de segundo grado de Quintana Roo no pudieron resolver un problema simple, seguido de Yucatán, Puebla y Veracruz. Por otra parte, al pedirles a los alumnos de primaria que resolvieran una división, el 37 por ciento de los niños de Yucatán no supo llegar al resultado correcto, seguido por los de Veracruz, Puebla y Quintana Roo.

Esta medición la dirigen los investigadores Felipe Hevia, del Ciesas-Golfo, y Samana Vergara Lope, de la Universidad Veracruzana, quienes explican que el problema más persistente en lectura está relacionado con las dificultades de comprensión, ya que menos de la mitad de los niños de cuarto de primaria lograron responder adecuadamente la pregunta de comprensión inferencial. Y en secundaria, uno de cada cinco adolescentes (19.9 por ciento) tampoco pudo responderla.

La situación se complica en el área de las matemáticas. Los investigadores precisan que se advierten problemas para ejecutar operaciones matemáticas en resta y división. Por ejemplo, aunque la mayoría de los niños de cuarto de primaria puede resolver sumas, el 38.9 por ciento no puede resolver las restas. En secundaria, en promedio, el 18.8 por ciento no puede resolver restas y uno de tres adolescentes de secundaria (32.6 por ciento) no puede resolver divisiones:

—Se advierte un déficit severo en la resolución del problema; es decir, en la capacidad de aplicar las operaciones para resolver un problema simple. Por ejemplo, sólo el 12.9 por ciento de los niños/as de quinto de primaria lo logró resolver. Y, en promedio, sólo el 36.6 por ciento de adolescentes de secundaria pudo dar una respuesta correcta. Incluso el 44.5 por ciento de estudiantes de educación media superior no logró responder adecuadamente.

Con estos resultados, “es urgente efectuar un pacto nacional por la educación, más allá de la reforma educativa-administrativa que la SEP está implantando. Esa reforma educativa no está enfocada en resolver el problema del aprendizaje en la niñez mexicana; si este aspecto no se transforma, va a ser imposible avanzar como país. Si no entendemos que lo importante es que los niños aprendan, será difícil que salgamos de este círculo vicioso de confundir lo educativo con lo laboral y lo político”.

Versión completa en el impreso

 

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