Edición: diciembre 2016
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De las mentiras oficiales al vacío de una creación de identidad

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Emiliano Zapata.

Emiliano Zapata.

Las historias que aún no nos han contado

Perla Velázquez

La historia oficial es la visión de cualquier Estado, pero cada vez más los especialistas se inclinan por la revisión de la historia sin tapujos y apegada a los hechos más que al predominio de una sola ideología.

Destrucción de la identidad

Quitar los velos que oscurecen la historia verdadera de México no es fácil. El país tiene gestas heroicas, como la Revolución Mexicana que este 20 de noviembre conmemora su 106 aniversario; pero también existen acontecimientos trágicos que han sido maquillados u ocultados para mantener “el orden” social. En estas páginas podemos percibir algunos ejemplos de cómo diversos investigadores han empeñado su trabajo en quitar el oscuro velo que ha tapado la comprensión histórica del país.

Guillermo Marín es un estudioso de los hechos sociales para quien existe dos Méxicos: uno, el que funde sus raíces en miles de años atrás, aquel que no ha sido tomado en cuenta que data de la invención de la agricultura hasta la llegada de los españoles; y, dos, el imaginario, el que los gobernantes han ido creando en los últimos 500 años.

Con esta premisa escribió su libro Historia verdadera del México profundo, un título “sarcástico” que juega con el nombre del texto de Bernal Díaz del Castillo con el cual busca contar la “otra historia”, la que, dice el autor, aún no nos han contado:

—Existen muchos historiadores que de manera crítica y analítica han realizado procesos historiográficos para comprender mejor la realidad. Al respecto, yo escribí que México es parte de una de las seis civilizaciones más antiguas y con origen autónomo del mundo; estamos al lado de Egipto, Mesopotamia, China, India y la zona andina.

Para Marín, nosotros somos del Anáhuac, una civilización que alcanzó el más alto grado de desarrollo humano en la historia del planeta. Ejemplo de ello es cuando en 1492 los europeos pensaban que vivían en una Tierra plana y que se iban en sus naves para perderse en un abismo sin fin. Nosotros, miles de años atrás, ya sabíamos que la Tierra era redonda, que era parte de un sistema solar el cual estaba en una galaxia y que girábamos alrededor del Sol. Estas dos visiones demuestran quién era quién.

Sin embargo, en el transcurso de los años “hemos sufrido un epistemicidio, uno de los peores holocaustos de la humanidad”, precisa Marín. Este suceso se dio cuando los misioneros españoles entraron al Valle de México, porque si bien otros pueblos recibieron procesos de colonización, en el territorio del Anáhuac fue “brutal” la destrucción:

—Todo el pensamiento científico y filosófico que desarrollaron nuestros antecesores es asombroso. A nosotros se nos ha negado esta civilización diciendo que éramos primitivos, salvajes o caníbales. Para mí, los conquistadores son asesinos criminales que se vistieron de misioneros en el siglo XVI y difundieron mentiras. Hoy la academia sigue utilizando esas historias como fuentes en un discurso que va desde Bernal Díaz del Castillo hasta León-Portilla, que dice que éramos una civilización que rescató Occidente, lo cual es totalmente falso.

El Anáhuac era un territorio que comprendía desde Nicaragua hasta parte de Alaska. Se inició 6,000 años antes de Cristo y así se conoció hasta 1521. De esta fecha hasta 1821 se vivió una colonización española, donde “perdimos tanto nuestra calidad humana como también el valor cultural”. A la par en ese periodo se inició un sistema de castas que tenía como finalidad el pleito entre la gente del virreinato contra nuestros antecedentes. “En este lapso hubo un gran odio contra los criollos” que, luego de una crisis, se independizaron de los españoles. En este contexto fue cuando en México se creó una versión imaginaria, que estuvo en manos de la élite extranjera que inculcó el desprecio por la cultura de nuestro pasado.

Guillermo Marín lo precisa:

—Todo el territorio del Anáhuac lo perdimos hasta ver lo que es hoy. Los criollos se han caracterizado por una ineptitud tremenda de corrupción. En 200 años nunca les ha interesado su pueblo, su patria; han vivido apaciblemente esta situación de descuido. Entonces la historia, si la vemos desde esta perspectiva, cuando hablamos de México estamos hablando de un proyecto que nos es ajeno.

 

Los historiadores y la Revolución

Pedro Salmerón es otro de los investigadores que pugna por contar la historia no oficial. Doctor en historia por la UNAM, ha publicado más de seis títulos. Se ha enfocado en la historiografía de México de los siglos XIX y XX. Al considerar que un historiador es aquel que confronta las fuentes, el que comprende el pensamiento del pasado en el contexto en el que vive y, sobre todo, el que genera conciencia crítica de la cultura de nacionalidad:

—El oficio es confrontar y criticar las fuentes; es decir, jamás quedarme con una sola versión. Se requiere buscar diversas opiniones para poder confrontarlas entre ellas, equipararlas y buscar la verdad más allá de lo que yo quiera decir de algún suceso histórico. Uno debe de ser capaz de que si las fuentes y los autores me dicen algo que no me gusta o están en contra de lo que yo quería hallar, debo de tener la honestidad intelectual para consignarlo así y decir: “No quería esto, pero encontré esto otro”.

Francisco Villa.

Francisco Villa.

“Hay falsificadores de la historia que escriben por encargo”

A estas confrontaciones les ha dado la cara el historiador. En los últimos años ha escrito sobre la Revolución Mexicana. Primero La División del Norte (Planeta, 2006), texto que buscó contribuir llenar el hueco sobre el conocimiento del movimiento revolucionario villista; luego, Los carrancistas (Planeta, 2009), donde explica cuál es la razón de ser de los ejércitos populares durante la Revolución. Y, para completar la trilogía, publicó 1915 / México en guerra (Planeta, 2015), en el que sostiene una discusión con la historia para entender algunas “situaciones que solemos creer”.

Salmerón afirma que, por ejemplo, las figuras de Zapata y Villa no necesitan una reivindicación, pero sí se deben precisar las razones para entender cuál fue el proyecto y la voluntad de estos revolucionarios para transformar al país desde un movimiento social:

—Nos han contado que Villa y Zapata cedieron el poder cuando lo tuvieron en las manos. Sin embargo, los documentos dicen lo contrario. También nos han contado que en la Ciudad de México tenían todo para ganar la guerra, pero la perdieron por su incapacidad que derivaba de su ignorancia y localismo campesino. Investigué de la manera más cuidadosa que las condiciones estaban muy equilibradas. Aunque ambos fueron caudillos campesinos, sí diseñaron la estrategia nacional para cambiar al país. Ellos son derrotados por otras razones.

A sus investigaciones, Salmerón suma su más reciente Historia breve de la Revolución Mexicana (Siglo XXI, 2016), en coautoría con Felipe Ávila: “En este libro tratamos de explicar contra qué se hizo la Revolución, cuáles fueron sus corrientes, sus fuentes, el proceso social y colectivo para entender cómo impactó esa rebelión al México de hoy”.

Felipe Ávila y Pedro Salmerón son profesores; afirman que, desde hace más de 40 años, no existe un libro sobre el tema que sirva como herramienta didáctica para profesores de licenciatura o de bachillerato. Por eso, a su estudio le sumaron los últimos descubrimientos que han hecho sus colegas sobre este periodo de la historia para aportar algo nuevo.

 

Zapata, linóleo de Lorenzo Guerrero (ca. 1956). Tomado del libro El Taller de Gráfica Popular, de Humberto Musacchio (Fondo de Cultura Económica).

Zapata, linóleo de Lorenzo Guerrero (ca. 1956). Tomado del libro El Taller de Gráfica Popular, de Humberto Musacchio (Fondo de Cultura Económica).

La revolución institucional

Otro de los investigadores que resaltan la importancia de hacer una historia no oficial para comprender el México actual es Rogelio Hernández, de El Colegio de México. En sus estudios se encuentra el papel que jugó el Partido Revolucionario Institucional (PRI) en la segunda mitad del siglo XX mexicano debido a que esta institución ha sido la columna vertebral del sistema político mexicano. Por lo tanto, es imprescindible quitar los velos que lo cubren.

Rogelio Hernández explica que se ha vuelto un lugar común escribir que la fundación del PRI, en 1946, es una simple continuación de lo que ocurrió en los años posteriores; es decir, que el PRI fue la continuación del PNR, de 1929, y la continuación del Partido de la Revolución Mexicana (PRM), en 1938. Es una idea que se ha repetido constantemente y se habla de que el PRI se fundó en 1929 y hasta el día de hoy sigue igual.

Pero esto no es exactamente así, indica Rogelio Hernández:

—Una característica del PRI es que no fue planteado como un partido más, sino como el partido del Estado posrevolucionario para formar parte de lo que es el sistema político mexicano y cumplir con sus funciones de apoyo económico, social y político. Si el PNR y el PRM en su momento fueron importantes porque ocurrieron en los años veinte y treinta, periodo que los historiadores reconocen como la época romántica de la construcción de la posrevolución. Pero el PRI no surgió en ese contexto, sino en los años en que se va a construir el desarrollo económico y la “estabilidad” política.

 

Versión completa en el impreso

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