Edición: diciembre 2016
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La retirada en julio de don Julio

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Julio Scherer y Vicente Leñero.

Julio Scherer y Vicente Leñero.

Cuatro décadas después del  caso Excélsior

Rubén Martínez Cisneros

El jueves 8 de julio de 1976, de la Avenida Reforma 18, dirección del diario Excélsior, salieron a la calle, expulsados de ese rotativo, su director Julio Scherer García del brazo de  Abel Quezada, Gastón García Cantú y Hero Rodríguez Toro,  entre una treintena más de periodistas, en busca, todavía sin saberlo en las circunstancias de opresión que vivían, de una ruta informativa menos estranguladora, menos dependiente del discurso oficialista…

Felicitaciones de la clase política en 1968

“¡Fue ra, fue ra, fue ra!” Los gritos resonaban en las paredes del  viejo edificio; en respuesta, también retumbaba  el apellido de Julio Scherer que los incondicionales [del hasta ese momento aún director de dicha casa periodística] respondían a los numerosos detractores.

Han transcurrido 40 años de aquella contienda. Testigos  de esos hechos vertieron su versión en algunos libros, como Los periodistas de Vicente Leñero, Dos poderes de Manuel Becerra Acosta y La gran mentira de Regino Díaz Redondo, entre otros.

Julio Scherer García llegó a Excélsior en 1947; en agosto  de 1968 arribó a la dirección general  del diario después de haber competido por ese puesto con Víctor M. Velarde. De acuerdo con el testimonio de Díaz Redondo en su libro La gran mentira, se reunieron en casa de Scherer: “Llegamos a acuerdos tácitos. Él sería, creímos nosotros, el que debería ganar ese honor” al obtener una mayor parte de los votos: “La noticia se extendió rápido y cinco minutos más tarde ya estaba Julio en ese piso saludando a la gente y rodeado de compañeros a los que saludaba y estrechaba la mano sin grandes efusiones… habíamos logrado nuestra meta: Julio Scherer era el director general electo que inmediatamente tomó posesión de su cargo”.

Luis Echeverría.

Luis Echeverría.

El propio Scherer escribe en su libro Los Presidentes: “Fui elegido director general de Excélsior el 31 de agosto de 1968. El país se endurecía, también el diario. Permanecí al lado de mi antecesor, don Manuel Becerra Acosta, hasta el día de su muerte. Fui su auxiliar. Afirmó en mí el orgullo por la profesión”.

Continúa  Scherer: “El mismo día de la designación me llamó el presidente Díaz Ordaz por teléfono. Felicitaciones.  Detrás de él, todos sus secretarios, los gobernadores, los senadores, los diputados. El milagro de la unanimidad es asunto ordinario en el gobierno. Llovieron telegramas de los prohombres de la iniciativa privada. En el edificio de Reforma 18 cantaron los mariachis, escuché promesas de lealtad, fui abrazado hasta quedar exhausto”.

 

Los primeros avisos en 1972

El domingo 18 de marzo de 1917 sale a la luz el diario Excélsior, fundado por Rafael Alducin. En su primer número se lee: “Nunca en la historia política de la República se ha presentado una obra, tan difícil a la vez que tan trascendental, cómo la que tiene ante sí, en estos momentos, la prensa mexicana. Después de seis años de renovadas contiendas tras una incontrarrestable acción contra el pasado, a raíz de un enérgico movimiento a favor de formas necesarias, no es mucho que queden criterios reacios y fuerzas desordenadas que no encuentran aún el verdadero camino que se abre a la redención nacional. La prensa está destinada a ser la forjadora y la alentadora de los espíritus en estas experiencias de la vida patria, la orientadora y la vivificadora, al mismo tiempo que la voceadora de la opinión pública”.

Regino Díaz Redondo.

Regino Díaz Redondo.

A Salvador Loredo Torres le debemos el siguiente testimonio  plasmado en el libro Algunos apuntes sobre la vida de Excélsior: “El primer número del diario causó revuelo entre los voceadores de periódicos. Acostumbrados éstos a la puntualidad de otros, por la tardanza en la salida del nuevo diario, apedrearon el edificio ubicado en la esquina de Colón y Rosales, donde estaban oficinas y talleres. Eran las 12 del día y Excélsior aún no salía a la venta. Estaba anunciado para que apareciera a las 6 horas”.

Más aún: “A las 12 del día se auguraba el fracaso del nuevo diario. No salía. Los voceadores rechiflaban y gritaban majaderías… Mientras fuera de Excélsior  se gritaba, adentro Alducin y sus colaboradores trataban de hacer lo posible por que todo resultara bien… Por fin el primer número del diario llegó a los voceadores a la 1 de la tarde, en un clima de inquietud”.

En 1926 Consuelo Thomaleen, viuda de Alducin, vendió el rotativo a Federico de Lachica. Ante la situación precaria del diario, los trabajadores constituyeron una cooperativa en 1932 a sugerencia de Plutarco Elías Calles.

Diversos hechos se registraron con antelación al 8 de julio de 1976, entre ellos el boicot de los anunciantes de la iniciativa privada que golpeó las arcas del diario en agosto de 1972 fraguada por el presidente Luis Echeverría, de acuerdo con el empresario Juan Sánchez Navarro; malestar de trabajadores de la cooperativa Excélsior  con los directivos; se emprendió una campaña de desplegados publicados en la mayoría de los periódicos de la metrópoli bajo el título de “Miente Excélsior”; la campaña de la televisión comercial en contra del diario encabezada por Jacobo Zabludovsky.

Dice Scherer García: “Crecía el encono en contra nuestra, florecía la calumnia. Bajo la firma apócrifa de un tal José Luis Franco Guerrero circuló un cuadernillo quincenal titulado Las malévolas noticias de Excélsior. Sin pie de imprenta circuló El Excélsior de Scherer, firmado por un nombre de paja Efrén Aguirre”.

Libertad de expresión. Grabado de Adolfo Mexiac.

Libertad de expresión. Grabado de Adolfo Mexiac.

Como muestra del texto de marras, un párrafo; “Es la historia de una odiosa conjura contra México, que empezó con un atraco de raqueteros a esa gran institución Excélsior… Esto es un libro que exhibirá sin ropa a los traidores, a los bribones, a los mediocres, a la legión extranjera y a la banda asquerosa de los del tercer sexo, todos los cuales transmutaron en lupanar político-informativo la más alta tribuna periodística como fue  Excélsior”.

Aunado a lo anterior, hay que agregar la invasión de los terrenos de Tasqueña, los cuales pertenecían a los cooperativistas de Excélsior, el 10 de junio de 1976, ocupados por integrantes del Consejo Agrarista Mexicano comandados por Humberto Serrano, miembro del PRI,  fallecido el 21 de febrero de 2013.

 

Los decires del 8 de julioi de 1976

El 7 de junio de 1976 Miguel Ángel Granados Chapa escribió en Excélsior: “… ya no es posible callar. Entre otras cosas, porque a la injuria se añade el vituperio. Humberto Serrano, candidato del PRI a diputado, lucrador con invasiones rurales y urbanas, ha negado públicamente su participación en la ilegal ocupación de Paseos de Tasqueña. Es público que los invasores de este predio se agrupan en el Consejo Agrarista Mexicano, membrete usufructuado por Serrano”. Un día después anotó en ese mismo espacio: “La invasión a Paseos de Tasqueña no es un ataque a la propiedad. No es sólo eso, por lo menos. Se ha buscado como el detonador contra el modo de hacer periodismo que se ha instituido en esta casa. Propiedad de sus trabajadores desprovistos, por ese carácter, de compromisos extraperiodísticos que inhiban su tarea fundamental”.

Pero sobre todo pensaba que íbamos a tener que luchar más para recuperar la libertad de expresión: Rodolfo Guzmán

Cuarenta años han pasado de la realización de la asamblea el 8 de julio de 1976 registrada en el diario Excélsior, cuyo fin no era desconocer a Julio Scherer García ni a Hero Rodríguez Toro como los principales directivos del rotativo. En esa fecha apareció en blanco la página 22 de la primera sección, firmada originalmente por 49 colaboradores en la que brindaban su apoyo a los directivos. Entre otras cosas, decía el texto: “Hoy la frecuente embestida contra Excélsior llega a límites nunca antes alcanzados. Urge informar a la nación: se quiere cumplir cabalmente y pronto una agresión al ejercicio de la prensa libre en México. Se trata de desprestigiar a nuestro periódico y a quienes lo dirigen, presentándolos como enemigos del país”. El desplegado estaba firmado por Alejandro Avilés, José Antonio Alcaraz, Heberto Castillo y Miguel Ángel Granados Chapa, entre otros más, censurados por Regino Díaz Redondo, Miguel Ángel Lozada Escobedo y Antonio Machaen Dueñas, por sólo citar unos nombres, al considerar que dicho texto contenía “un ataque a los intereses de Excélsior”.

Diversas voces señalaron al entonces inquilino de Los Pinos como el orquestador del golpe a Excélsior. De acuerdo con Scherer, el 8 de julio de 1976 sobrevino el sismo provocado por Luis Echeverría en los terrenos del diario Excélsior. Manuel Becerra Acosta escribe en el libro Los dos poderes: “El presidente patrocinador del derrocamiento de Scherer García calculó que el golpe encabezado por Regino Díaz Redondo –sostenido por grupos parapoliciacos y apoyado por trabajadores de talleres, personal de administración y casi la totalidad del grupúsculo de la edición vespertina– fuese dado después de la elección presidencial a causa de un temorcillo indefinible, no obstante la ausencia de opción en las urnas”.

Más aun, agrega el autor de Las primeras aventuras: “… hay testimonios de que en el político-burócrata Echeverría la ambición por el periódico Excélsior se había incubado aparte y con más vigor que un supuesto rencor por Julio Scherer, a quien deferenció desde la Presidencia con exhibiciones de amistad desacostumbradas. Y en un trato privado, según relatos –nada confidenciales y sí muy difundidos– de Scherer corroborados además por gente de Echeverría…”

Regino Díaz Redondo, en su libro La gran mentira: ocurrió en Excélsior, escribe: “Llegó el 8 de julio de 1976. La mañana calurosa se hacía casi irrespirable en el interior del periódico. El bullicio se expandía por todas las áreas de Excélsior. Cómo no podría ser así si dentro de dos horas se iniciaría una asamblea convocada por todos los miembros del Consejo de Administración, que yo presidía, y por el Consejo de Vigilancia”.

 

Versión completa en el impreso 

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