Edición: diciembre 2016
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En la ciudad del soul

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Mauricio Bares. Foto de Alejandra Quintero.

Mauricio Bares. Foto de Alejandra Quintero.

Carlos Sánchez y Mauricio Bares, autor y editor

Juan José Flores Nava

En el norte del país autores y editores conservan ese ideal que los sellos transnacionales le han quitado a la industria del libro: independencia. El escritor Carlos Sánchez y el editor Mauricio Bares narran sus búsquedas en ese desierto que los arropa.

HERMOSILLO, Sonora.— EL AUTOR. Nada raro en Carlos Sánchez. Lo saben quienes lo conocen, quienes lo han leído; lo saben incluso quienes no: es el barrio, la ciudad, la raza lo que le interesa. En sus palabras, en sus impulsos narrativos es constante la violencia como punto de partida para contar, para gritar, para exhibir una forma olvidada, negada, de construir la ciudad. Es una obsesión que le lacera el pensamiento:

—Decir lo que acontece es una manera de sanar o dosificar en mí la tristeza que me embarga desde la tristeza del otro. Ese otro del pelo opaco, de la tela añeja untada en su cuerpo, de la mirada en derrota. Esos personajes que pueblan la nota roja, pero que subsisten, aquí, en Hermosillo, la ciudad del Sol que puede arder a 50 grados Celsius en lugares como El Jito, Tiro Al Blanco, Las Pilas, La Matanza, La Hacienda de la Flor, Villa de Seris.

Todos éstos, sitios grises como la cárcel, donde habitan los nacidos para perder, pero que emergen para vindicar su existencia, su humanidad, sus debilidades y fortalezas, sus virtudes y carencias animados por la escritura de Carlos Sánchez en las páginas de La ciudad del soul (Editorial Nitro Press), quizá su primer libro, editado con paciencia y esmero artesanales. Carlos sabe, como pocos, de lo que habla. Por eso habla tanto, como pocos, de lo que sabe y siente:

—Me habría encantado que mis compas, los que bajan de los callejones, tuvieran otra biografía, más allá de su trayectoria perfecta inscrita en el ejercicio de la crueldad, la delincuencia, el desamor, la orfandad, el consumo de droga que genera el paso por la crápula. Si algo tiene de nuevo este libro con relación a otros [como Matar o Hazlo por mi corazón o Linderos alucinados o De efe o Aves de paso o Puro barrio] es la búsqueda de un lenguaje distinto al construir, de un ritmo diferente.

—¿Por qué seguir hablando de la raza, del barrio?

—Ni siquiera es premeditado. Vuelvo a los callejones, al tiempo aquél de correr la cancha, el baldío, de sentir en la mirada el escupitajo, pero también el piropo a la dama que pasa de largo meciendo su belleza en el corte estilizado de su falda. Tengo como un tatuaje en la mirada, las miradas de los compas, de mi padre briago de tanta poesía en sus palabras. Me vuelco inevitable a su voz y a las voces de sus amigos que también son los míos. En el barrio está la raza, lo que también he sido y soy. Puedo, con palabras, retratarles la vida.

—¿Qué es lo que más le sorprende de la violencia, presente en todo momento en su libro?

—Me sorprende que no haya manera de erradicarla; que se aprenda y ejerza como algo habitual, cotidiano; que la maldición de la pobreza tenga como plus a la violencia. Parece que la vida se ensaña con esta raza.

“Los autores dejan trozos de sí mismos en cada página”

—Aunque su libro tiene la virtud de mostrar la nobleza de este lugar que llama La ciudad del soul.

—Si algo tiene Hermosillo es que es una ciudad diversa. Las voces cotidianas construyen la vida, pero también hay canto y cultura. A veces, en temporada de invierno, la ciudad se convierte en un jonrón de los Naranjeros de Hermosillo, con casa llena en la última entrada a punto de convertirse en un pase directo a la Serie del Caribe. Porque esta ciudad también tiene los pájaros que nos visitan, el desierto que nos arropa.

 

Carlos Sánchez.

Carlos Sánchez.

EL EDITOR. Sonríe, pero la broma no lo hace titubear: a Nitro Press, dice Mauricio Bares (Ciudad de México, 1963), le espera la fama, el reconocimiento mundial. Dicha así nada más, es fácil celebrar la chanza de Bares y reír con él. Sin embargo, ¡ojo!: vaya a una librería, tome cualquier libro editado por Nitro Press y revíselo con calma, eche luego una mirada a la mayoría de los bodrios que pueblan la mesa de novedades y verá, entonces, que la broma no es ningún disparate.

Porque Nitro Press, la editorial fundada por el escritor Mauricio Bares allá por 1997, tiene desde sus inicios una constante: la cuidadosa atención al diseño gráfico y editorial. Con este editor es la charla.

—Usted se mantiene al margen de las modas impuestas por las empresas editoriales transnacionales. ¿Esto qué significa?

—Que partimos de la convicción de que la literatura y cualquier ejercicio intelectual no puede ser un producto creado en una oficina, sino algo más orgánico, con todo y lo disruptiva que la literatura pueda ser. No estamos, por ejemplo, a la caza de novelas históricas o biográficas, que resurgen de vez en cuando y que hacen a un lado los temas específicos que las sociedades deben explorar a través de sus autores. Otra moda, que llegó para quedarse, es la de rechazar géneros literarios como el cuento. ¡El cuento! Un género no sólo estudiable en las universidades y los talleres, sino una de las prácticas fundamentales de la humanidad. O rechazar lo que se me ocurre llamar “géneros editoriales”, como los libros de entrevistas, las antologías, los libros conmemorativos. Todo esto formaba un corpus cultural muy sabroso hace un par de décadas, pero ha desaparecido de los catálogos de las editoriales y de las librerías. Eso es lo que todos, como lectores, nos estamos perdiendo.

Versión completa en el impreso

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