Edición: diciembre 2016
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Una primera y esencial lección sobre vida y horror…

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Norman Manea. Foto: Pascual Borzelli Iglesias.

Norman Manea. Foto: Pascual Borzelli Iglesias.

Premio literario FIL de Guadalajara

Norman Manea

El escritor rumano Norman Manea (Bucovina, 1936) ha llegado a los 80 años de edad. Hoy reside en Estados Unidos, pero su vida y trabajo literario han estado marcados por sus primeros años en un campo de concentración y en el exilio. A finales de noviembre estuvo en Guadalajara, Jalisco, para recibir el Premio FIL de Literatura en Lenguas Romances. Aquí, parte de su disertación durante su estancia en México.

“Vengo de una región donde vivían personas y libros”, dijo un gran poeta del exilio. Estas palabras podrían haber sido dichas también en sus respectivos exilios por Joyce o Nabokov, Dante o Víctor Hugo, Thomas Mann o Czeslav Milosz, o por Solyenitzin, Joseph Brodsky o Bashevis Singer. Fueron pronunciadas de hecho por Paul Celan, el más importante poeta en lengua alemana del siglo XX nacido en mi cosmopolita Bucovina [Rimania] y que se suicidó durante su exilio en París. Me atrevo a repetirlas, como un homenaje a los escritores de ayer y hoy, obligados a abandonar su país y su lengua materna, sin olvidar las raíces lingüísticas y espirituales de su biografía y bibliografía.
La presencia de Rumania no es sólo un feliz azar. La lengua rumana es una lengua latina traída por los romanos que llegaron al Danubio y a los Cárpatos desde el primer siglo de nuestra era. El propio nombre “rumano”, derivado de la palabra latina romanus, se refiere al único pueblo latinófono en una zona de mezclas étnicas y lingüísticas. “Los latinos del Este” remite a la etnicidad romana y lingua latina a la latinidad lingüística, en la variante neolatina de la Edad Media.

Norman Manea. Foto: Pascual Borzelli Iglesias.

Norman Manea. Foto: Pascual Borzelli Iglesias.

“Mientras exista la humanidad existirán ideas e ideologías, conflictos y rebeliones…”

Como única lengua latina en un gran territorio eslavo, la lengua rumana tuvo que enfrentar muchas presiones internas y externas que tendían a diversificar y desviar sus opciones y sus equivalencias; la raíz latina resistió heroicamente a las tensiones. Como otras provincias rumanas, mi Bucovina natal significa no sólo las ricas premisas lingüísticas y librescas de un paisaje espléndido, sino también un estimulante híbrido cultural, de gran originalidad.

La mañana del 9 de octubre de 1941, después de que el Gran Monstruo de la cruz gamada había declarado la guerra, fui incluido entre los enemigos de la humanidad y expulsado, junto con la familia y los demás condenados del mismo origen, en el vagón de ganado que nos iba a llevar al otro lado del Stix, llamado Nistru, al apocalipsis. En el camino sin fin hacia la muerte, la masa de desesperados se lamentaba entre heces y oraciones ―una primera y esencial lección sobre vida y horror.

El campo fue un continuo ejercicio de deshumanización, humillaciones y salvajadas, donde reinaba la incertidumbre: no podías estar seguro de que en el próximo momento no se decidía el final del juego de la muerte. La relación entre cautivos estaba dominada por el espanto y el hambre, la enfermedad y las tumbas; la solidaridad estaba vencida por los instintos primarios de la supervivencia a toda costa. Fue mi primer exilio, mi primera iniciación en la pesadilla siempre repetida del odio del hombre hacia el hombre…

 

Versión completa en el impreso

 

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