Edición: diciembre 2016
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“La poesía funciona tanteando siempre en una nebulosa”

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Jorge Boccanera. Foto: Pascual Borzelli Iglesias.

Jorge Boccanera. Foto: Pascual Borzelli Iglesias.

Jorge Boccanera, Premio Poetas del Mundo Latino

José Ángel Leyva

El nombre de Jorge Boccanera suena en México, en Costa Rica y en muchos países de habla hispana, pues además de ser argentino es sin duda un autor de estirpe latinoamericana. Ahora que recibe el Premio Poetas del Mundo Latino, 2016, el encuentro más antiguo en su tipo en nuestro país, nos da la oportunidad de evocar su presencia como periodista y poeta en el exilio.

―El título de su primer poemario encierra un enigma: Espantapájaros suicidas. Esa condición de objeto estático y horrible vinculado con la autodestrucción sugiere una fuerte condición de escepticismo y, sobre todo, de pesimismo. ¿Qué pretendía expresar o significar en el conjunto de sus poemas?

―Ese primer libro escrito en la adolescencia cargó con muchas dudas, entre ellas el título. Estaba entre “La muchacha de madera nocturna” y “Los espantapájaros suicidas”; ambos designaban una manera de sentir y la mirada crítica hacia una realidad absurda. Pienso que, ingenuamente, buscaba impresionar desde un título fuerte y elegí el título de un poema: “Los espantapájaros suicidas”; hoy defendería el otro. Pero sí rescato la mayoría de los poemas que lo integran, porque fueron el sustento de una búsqueda que, si bien había comenzado años atrás, ya empezaba a tomar forma. No veo al libro dentro del escepticismo, aunque veo que el título pueda dar esa lectura; en esa época, 1973, yo ya había empezado a militar políticamente en un país con cientos de asesinatos a cargo de la organización fascista Triple A [Alianza Anticomunista Argentina] y de la masacre de Ezeiza a la llegada al país de Juan Domingo Perón. Ese mismo año hice mi servicio militar. En todo caso la paradoja del muerto que se mata esté aludiendo a una sociedad desencajada. También la vulnerabilidad representada en la figura de palo frente a una bandada de buitres.

―Entre el talco y los espejos de la barbería de su abuelo, los olores propios de la coquetería masculina y la relación de los oficios; es decir, entre el peluquero y el poeta, ¿qué relaciones ha encontrado a lo largo de su búsqueda poética?

―Es buena la pregunta. Nunca lo había pensado. Tengo un poema en mi nuevo libro,[Monólogo del necio], se llama “Afanes del poeta”, en el que el escritor trabaja y corrige su texto como un peluquero: “paso el peine / quito las hojas secas…los piojos del decir… saco el abrojo y el aceite rancio / por las palabras / por los sueños / paso otra vez el peine”. Desde ya en Sordomuda le dediqué un texto a mi abuelo Santiago: “El peluquero”, en el que hay una especie de espejo que se lo traga todo, en alusión a la finitud. Y, precisamente, cada vez que aparece el espejo en un poema mío, y escribí varios sobre el tema, tengo patente el recuerdo del gran espejo de la peluquería de mi abuelo barbero, un espejo que se me ocurría sordo, pero que leía los labios de los clientes. Era el patrón de la peluquería; paralizaba con su presencia, intimidaba con sus mil ojos de vidrio. Al espejo se lo trata de “usted”. El miedo al ridículo se agranda frente a un espejo, más si no es el de nuestra casa.

Jorge Boccanera. Foto: Pascual Borzelli Iglesias.

Jorge Boccanera. Foto: Pascual Borzelli Iglesias.

“La poesía es el reportaje más amplio que se le pueda hacer a la realidad… Quizá la poesía le esté prestando al periodismo un modo de indagar”

―También por supuesto está el de su oficio periodístico, que ha ejercido durante decenios. Ese pulso de la historia en tránsito, de la realidad cruda, ¿ha dado algo para su poesía?

―Durante mucho tiempo dije que no veía capilaridad entre esas dos disciplinas diferentes: el periodismo, que trabaja sobre datos constatados, y el otro, la poesía, que funciona en sentido contrario, tanteando siempre en una nebulosa. Pero viendo las crónicas de Darío, de Vallejo y la extensa producción periodística de Gelman, estoy recapacitando. Hay hebras, fibras, delgados filamentos del lenguaje que denotan un trasiego entre periodismo y literatura. Y seguramente debe ocurrir algo similar con mis textos. De hecho, escribí poemas con estructura de cable, de misiva, de nota informativa, entre las muchas formulaciones expresivas y lúdicas que permite la poesía, en todo caso no es una permuta mecánica, pero en alguna parte hay maridaje. En el fondo, creo que la poesía es el reportaje más amplio que se le pueda hacer a la realidad, entendiendo que la realidad abarca los sueños, lo intangible, lo enigmático. Y quizá le esté prestando al periodismo un modo de indagar.

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