Edición: diciembre 2016
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Elena Garro a contracorriente

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Elena Garro en 1949.

Elena Garro en 1949.

Centenario de su natalicio

René Avilés Fabila

Dos semanas antes de su muerte, René Avilés Fabila respondió con prontitud a nuestro llamado para que  se hiciera un apunte sobre Elena Garro a 100 años de su nacimiento (11 de diciembre de 1916, en la Ciudad de México). Sin ningún reparo, lo escribió a los pocos días de habérselo solicitado y hoy resulta, quizás, el texto póstumo de este amigo novelista, acaso el último que escribió en vida para un medio periodístico.

Elena Garro escribió una obra realmente admirable y, tal vez, sin proponérselo hizo de su vida una fascinante y polémica leyenda, llena de misterio y encanto, acorde con su hermosura física. Pero al mismo tiempo se formó aguerrida y polémica.

Nacida en 1916, Elena Garro desde niña (inquieta y prematuramente culta) comenzó a explorar el mundo. A los 17 años, casada con Octavio Paz, estaba en la convulsionada España de la Guerra Civil con personajes legendarios como Alberti, Neruda, Siqueiros y Juan de la Cabada. De aquella época dejó un soberbio y singular libro: Memorias de España, 1937. Aunque nace escritora, es durante su matrimonio con Paz cuando se forma como tal. Escribió teatro, guiones cinematográficos, obras teatrales, cuento, novela e hizo un periodismo intenso y comprometido.

Sus inicios la muestran como una persona dedicada a la dramaturgia: Un hogar sólido, Fe1ipe Ángeles, La señora en su balcón y otras más, todas piezas memorables. No obstante, pronto probará que también es cuentista y novelista con obras como La semana de colores, Andamos huyendo, Lola, Los recuerdos del porvenir (Premio Xavier Villaurrutia) y Testimonios sobre Mariana. Tanto en prosa narrativa como en literatura dramática, Elena Garro va a provocar profundas transformaciones y más de una polémica; por ejemplo, una con Emmanuel Carballo, quien analiza los aspectos autobiográficos en su obra dejando de lado la parte estrictamente estética.

Durante los días terribles de 1968, Elena Garro se mezcla con líderes campesinos de oposición, asimismo se vincula con Carlos Madrazo, crítico valeroso, separado del PRI. Luego de la matanza del 2 de octubre, el gobierno de Díaz Ordaz necesitaba “pruebas” del complot en su contra. Entre otros, la escritora es un blanco: está indefensa e inerme y se verá perseguida, asediada brutalmente. La venganza del Estado cae sobre ella, quien previamente ha roto lanzas con la mayoría de los intelectuales mexicanos.

Queda, pues, entre dos fuegos. Escapa a España con la única compañía de su hija Helena Paz. Padece miserias y persecuciones, rechazos y bajezas. Ambas están solas y desamparadas. Enfrentan un mundo hostil. De España van a Francia y allí se establecen. Las dos Elenas se defienden con su talento, particularmente con el de la madre. A pesar de que han conocido a cientos de artistas e intelectuales, políticos y narradores, están por completo abandonadas. De sus andanzas hay recuentos literarios: dos de ellos son Andamos huyendo, Lola y Testimonios sobre Mariana. No importa que Elena Garro sea considerada, por narradores de la talla de Adolfo Bioy Casares, como una escritora sin par, todos la dejan a su suerte. Pero Elena y su hija sobreviven y la Garro, con tenacidad, se aferra a la literatura. Muchos críticos y escritores la consideran la mejor autora mexicana por la belleza poética y el misterio de sus trabajos, por la intensidad y el genio.

Octavio Paz y Elena Garro (1937).

Octavio Paz y Elena Garro (1937).

“El temor a su pasado político y personal y el miedo a Octavio Paz (convertido en su principal enemigo) le cerraron las puertas”

Elena y Helena, estimuladas por un pequeño grupo de amigos, regresan a México en 1994. Se instalan en Cuernavaca. Sin embargo, y pese al tiempo, las agresiones continúan. Fue un error traerlas de vuelta a su país natal, donde viven en condiciones de extrema precariedad. Las nuevas generaciones están lejos de su literatura y cerca de un periodismo disfrazado de arte. Los reconocimientos le son escatimados. Nadie como Garro mereció el Premio Nacional de Literatura que otorga el gobierno de la República. El temor a su pasado político y personal y el miedo a Octavio Paz (convertido en su principal enemigo) le cerraron las puertas. Con frecuencia fue hostilizada por su ex marido y por aquellos que lo rodearon. Pese a todo, Elena siguió publicando cuentos y novelas de altísimo nivel como Inés, Busca mi esquela y Primer amor. Su vida transcurrió entre ruidosas polémicas. Por desgracia, su portentosa obra apenas está siendo estudiada, las críticas siguen centradas en su personalidad compleja.

No muchos pintores la retrataron, su extraordinaria belleza y su serenidad pocas veces fueron captadas. Por tal razón, el cuadro que le hizo Juan Soriano es una obra excepcional, como arte y como reflejo de una historia difícil. Elena Garro fallece en un modestísimo departamento en Cuernavaca, en agosto de 1998, cuatro meses después de la muerte de Octavio Paz. Luego de su desaparición física, que apenas fue advertida, los medios se regodearon reproduciendo una idiotez: que la escritora era espía. ¿Al servicio de quién, para vender qué secretos de un gobierno que la acosó o, quizá, para señalar dirigentes del movimiento estudiantil que de sobra eran conocidos por la burocracia política del país? Una calumnia miserable.

Elena Garro.

Elena Garro.

Poco a poco, el talento de Elena Garro terminará por vencer los obstáculos y podremos apreciar la hermosura poética de su trabajo literario y su azarosa vida desde su juventud hasta que el gobierno mexicano le regresa formalmente su nacionalidad a través de un pasaporte. Como algunos críticos e intelectuales han sostenido, es la mayor escritora luego de Sor Juana Inés de la Cruz. Hay que poner los papeles de Elena en orden, para valorar con exactitud cuál es su historia en las letras nacionales y en la vida política de una época convulsa; su relación, por ejemplo, con el aguerrido político tabasqueño Carlos Madrazo, a quien ella entrevistó poco antes de que saliera del PRI para formar un nuevo partido y con esta organización contribuir a la democratización del país.

No sólo ello, hay que apreciar los trabajos de Elena, precisar qué cuentos y obras de teatro no tuvieron posibilidad de ser revisadas por la autora, aquellas que por el hambre y las necesidades paraban en manos de editores poco escrupulosos, de aquello que recibió el cuidado y la atención de una escritora magistral. Entonces surgirá la mejor Elena Garro, se podrá dejar de lado la leyenda negra que sus enemigos y detractores le endilgaron y quedará libre de adefesios, sola, con su obra literaria perfecta, de una belleza sublime, de una prosa elegante y distinguida.

Sin embargo, ese día aím es lejano. En particular en una época de total incomprensión artística, en la que sobresalen los aspectos politizados por partidos y organizaciones del más bajo perfil. La burocracia cultural, hoy como ayer, sigue incapacitada para recoger y estudiar el portentoso trabajo de Elena Garro, su vida llena de sobresaltos y rodeada de odios baratos que no cesan a pesar de su muerte física.

 

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