Edición: diciembre 2016
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Práctica poética

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Alberto Blanco.

Alberto Blanco.

Alberto Blanco (Ciudad de México, 1951) es uno de los poetas más reconocidos en el orbe hispano con una inmensa obra que abarca incluso el arte visual. Tiene tres nuevos libros: Todo este silenbcio / All this silence (con traducción al inglés de John Oliver Simon) en la colección “La Furia del Pez” de Ediciones del Ermitaño, La raíz cuadrada del cielo publicado por Matadero y la Universidad Autónoma de Nuevo León y Contratiempos editado por la poblana El Errante. De su libro primero de tankas reproducimos algunos con su respectiva versión en inglés elaborada por John Oliver Simon ° Aura María Vidales también nació en la capital del país, en 1958; seleccionamos poemas de su reciente libro Celda y señora del canto / Ciudad de México, poemario incorporado en la colección “Indócil Ballenato” de Ediciones del Ermitaño ° Botella a la mar (Ediciones del Ermitaño en su colección “La Orca Silente”) es la novedad literaria del poeta Mariano Morales Corona, hidalguense radicado desde siempre en Puebla, quien también carga bajo el brazo un disco con poemas suyos musicalizados por Kin Nini ° Y Ana Chig (Los Mochis, Sinaloa, 1974, pero avecindada en Tijuana) cierra estas páginas poéticas con un breve muestrario de su trabajo escritural. Ella es autora, entre otros, de los libros La noche sobre el rostro y Canto a la sombra del venado muerto.

 

 

“… Se borra el horizonte tras la neblina”

Alberto Blanco

I

De la cigarra
un son áspero y seco
brota la llama

1

Out of the cicada’s
dry harsh tones
sprouts flame

 

II

Las hojas verdes
tienen sombras también
las hojas secas

2

Green leaves
cast shadows likewise
dry leaves

 

III

Es como es
la roja bugambilia
ni más ni menos

3

it is as it is
the red bougainvillea

no more no less

 

IV

Restos de sueño
las piedras esparcidas
cielo vacío

4

What remains of the dream
scattered stones
empty sky

 

V

Ante mis ojos
llama conmovedora
la flor del trueno

5

Before my eyes
a poignant (lame
flower of thunder

 

VI

El campo duerme
parcelas remendadas
son sus cobijas

6

The countryside sleeps
mended patches of field
for blankets

 

 

VII

Las vacas flacas
se comen las palapas
antes que el mar

7

The skinny cows
devour these palm roofs
before the sea does

 

VIII

Las olas dejan
de ver por un instante
su ardiente espejo

8

For a moment
the waves reveal
their burning mirror

 

IX

El mar movió
las conchas de lugar
yo hice lo mismo

9

The ocean moved
shells from place to place
I did the same

 

X

¿El mar o el cielo?
Se borra el horizonte
tras la neblina

10

Sea or sky?-
Horizon blurred
beyond the mist

 

XI

Barco en la noche
primero ves sus luces
luego lo escuchas

11

Ship in the night
first you see the lights
then you hear it

 

XII

Viento en la luna
los mástiles se mecen
y me obedecen

12

Wind in moonlight
the masts sway
and obey me

 

XIII

Mar a lo lejos
y palmeras que lloran
gotas de fuego

13

Sea at a distance
palm trees weeping
tears of fire

 

XIV

Río de nubes
un mundo sin visiones
y estrellas rojas

14

River of clouds
a world without visions
and red stars

 

XV

El sol se acuerda
de las rubias espigas
junto al camino

15

The sun remembers
blonde corn-tassels
along the path

 

XVI

Bosque al ocaso
estrellas perfumadas
tras el cristal

16

Woods at sunset
perfumed stars
through the glass

 

XVII

Árbol sin hojas
los ángeles del hielo
buscan refugio

17

Leafless tree
the angels of ice
are looking for shelter

 

XVIII

Se hacen a un lado
para que no las pisen
las hojas secas

18

Dry leaves
move aside
to avoid being stepped on

 

XIX

Suaves laderas
musgo dorado y sal
en el escote

19

Soft hillsides
golden moss and salt
at the neckline

 

XX

Ha perfumado
dos cubetas de leche
la vaca roja

20

The red cow
has perfumed
two buckets of milk

 

 

 

Aura María Vidales.

Aura María Vidales.

“… No hay ladrillo que soporte un secreto ajeno”

Aura María Vidales.

°

Hay minucioso orden interno

y vigila en el faro, recuerdo.

Se alumbra tanta calzada perdida

donde uno sobrevive o perece.

Miles de sendas van a vidas distintas

pero, en ninguna echan raíz.

 

Nadie, nada podría crecer en el asfalto

piedras, cimientos, vigas

simulacro de grandes árboles.

 

Terminan por caer y lanzar el fruto del despojo

ruina, escombro, arquitectura abierta, lapidaria.

El hogar expulsa de su entraña

es casero absoluto y cruel.

Nos deja a mitad de la calle.

°

No hay nada mejor que un trozo de ciudad cómplice

una banqueta, la azotea, los peldaños del portón.

 

Esa vasta plaza no tiene cerradura

y la vida en las arterias es más intensa.

 

La gran fiesta del hombre es esta capital

llega sin cesar a nuestro encuentro

es amante, templo, camino

ruta del bien y del mal, omnipotente.

 

Por ella tenemos acceso al encuentro

y siempre descubrimos a ese otro alguien.

 

La ciudad escenario, ser a diario.

 

°
Aquí una construcción espléndida no existe

la casa es pretexto para tener una pared

donde proyectar sombra, colgar un cuadro

abrir una ventana y golpear, golpear

para que no duerman los vecinos.

 

Nadie, nada está protegido, ni resguardado.

La intemperie nos sigue hasta en la intimidad

no hay ladrillo que soporte un secreto ajeno

ni eco que no repita gritos, gemidos, quejas.

Estar en la calle es nuestra manera

de ser galanamente urbanos.

 

Ir al centro para tener la noche dispuesta

rasgar historias en bares encendidos

y obscurecer en alguna cantina.

 

°
Alguien acecha al doblar la vía

un carro, un asesino, un vagabundo

cualquiera va disfrazado de amor.

 

Me gustan los hombres

cuando visten de negro y bajan

la calle apresurados.

 

Aquellos que contemplan, marchan

y no llevan  flores bajo el brazo

quienes arden con el roce de una falda.

 

La urbe guarda una orilla para agonizar

una banca, un parque, el jardín

para acomodar los huesos.

 

¿Dónde estará el sol cuando no consiga

abrir los párpados?

°

El nudo no termina

en desatar

la calle sale y entra

por mi cuarto cerrado.

 

La lluvia embriaga

forma espejos

y ventanas.

 

El agua que observa

ama a la metrópoli

desde sus cimientos.

 

Un torso de mármol cenizo

sostiene la casa

por su espalda brilla humedad.

 

Adentro del sílice,

las emociones.

 

°

En mi celda

la obscuridad

del mundo.

 

El dormitorio está habitado

de sombras ocres y rojizas.

 

Suena la campana del agua

brota de una herida en la pared

y dibuja tiempo.

 

El muro es un libro con apuntes de paso

deletreo en el canto y arena.

 

Asomo a un instante, al dibujo

cuando el punto estalla.

°

Afuera el reino, la vida

y su miedo.

 

Ahí los pasos van siempre

y regresan.

 

Adentro la celda, mundo

página en blanco

cerradura.

 

Enciendo el faro

y brota una luz ámbar

tiembla y canta.

Es pájaro.

°

Sí no tiene frío

la hoguera,

¿por qué tiembla?

 

 

 

Mariano Morales Corona.

Mariano Morales Corona.

“… Topamos con un muro de plastilina”

Mariano Morales Corona

Magueyes,      nopales,           espinas:

existencia nuestra;

redondeces núbeas

en la campiña que habitamos:

páramo desierto,

pleno de soledades,

edades sin sol,

relativización del pincel,

color,  cuerdas, metáfora.

 

Si la vida tiene o no sentido,

pan duro,

duda que solemos roer

—diminutos habitantes

del cosmos,

nos asomamos detrás de las estrellas—.

Mueren familiares,

amigos mueren

¿y ésas vidas, para qué?

 

Quizá no nos internáramos

por tardes tan oscuras,

ocios tediosos,

si permanecieran

aquí,

con nosotros.

El ácido —o el alcohol—

de la incertidumbre

¿correría con el mismo desenfreno por nuestra sangre?

 

Dudamos, sí, nos hincamos

ante la religión y nos pregona:

deja de preocuparte que alguien tiene la respuesta. Reza.

 

…Y no basta.

Corremos hacia la ciencia, lenguaje

de números y fórmulas, miembros clonados…

 

La encontramos extraviada

en el detalle,

dato certero

de la ínfima partícula

que esconde al mundo,

como el árbol que impide ver

el bosque devastado

(aunque toneladas

de cosas explique).

 

El filósofo

nos envuelve

en un sueño letárgico,

escolástica de cita certera,

explica la fatalidad del universo,

y su metalengua

olvida el puntillismo de la ciencia,

se aglomera de nubes

que ni son cielo ni riegan la tierra.

 

Peor asomarse

al “mundo” de los hombres:

topamos con un muro de plastilina: la polaca,

república de dobles lenguajes, poder

y servilismo mesas vacías,

desmantelada disfrazadas de catedrales.

 

¿Para qué estamos aquí,

en este valle

del trabajo a destajo

y de las lágrimas, de sudor

que nublan la mirada,

en donde no sólo se nace del dolor, se vive en él?

 

 

Ana Chig.

Ana Chig.

“Palabras descubriendo el odio”

Ana Chig

Asuntos de ciudad

¿Cómo serás tú al paso de los años
si algo de ello ya te concentra?

La arquitectura frívola de tu ser
lo mismo que bolsa de basura
arrojada a perros en la calle,
sin embargo, hoy sólo puedo hablarte de mí.

Tantos espacios abandonados,
el tiempo y la codicia se apropiaron
de vacíos en esta calle distante,
porque siempre habrá una historia
como losa fragmentada
discerniéndose entre nubes.
¡Qué terrible silencio habita entre las piedras!
Demolido tu rostro en el polvo súbito del insomnio,
arrastra nuevo sentimiento,
el odio finalmente adquiere forma ante el espejo.

 

 

Cotidianidad

Bajo el limonero sólo azahares y sombras.
Humedad estancada por la lluvia.
Pasan los días, he leído otros versos.
Palabras descubriendo el odio,
la ternura arraigada en el tuétano,
lugares inexistentes, incógnitas aferrándose al olvido,
la piedra sostenida en la mano, la tarde en fuga,

su condescendencia, acaso el amor.

He leído otros versos, ahora observo.
Frente a mí, cotidianamente se alzan tristes edificios,
el gris esmalte como una laja desprendiéndose solitaria
ante el misterio del tiempo.
Escucho voces, ecos infantiles del patio escolar.

El viento de las cuatro anuncia la tarde, hace frío.

Poco a poco, frente a una puerta,
se congregan cuerpos, siluetas, rostros cansados.
Yo también espero sentada junto a los Jardines del Río.
Escribo esto, alzo la mirada,
todavía el sol en pugna con extrañas nubes invernales,
su presencia acaso un lunar resplandeciendo en otro cuerpo…

 

 

La galería sin título

Visto el día transcurrir, ayer también fue la noche.

Una hilaza trazando la ruta centenaria,

el Centro y su vieja panadería, un swap meet en ruinas,

la estación de bomberos erigiéndose

como crepúsculo nocturno –en la memoria.

 

Lo inmediato de una proyección fotográfica

induce el pensamiento, ese instante de quietud y silencio

adentrándose en el sigiloso paso del tiempo.

Hay nubes, otros mares, rostros, vacíos, acentos extraños,

el olor a esmalte reptando en altos muros que nos rodean,

una agenda que principia en este marzo, ya es viernes.

 

Camino sujeta a un brazo que se oculta

remolcando promesas inscritas en los pasos.

Una acera limpia y luminosa en la calle Séptima,

la confusión del juego en la cantina, humo, cigarro,

futbol, papas fritas, invariable:

una corona en la calle Sexta.

 

Siempre se vuelve al sitio del recreo, y resulta imposible

quedarse quieto entre las formas y cuerpos violentados

en la instantánea hora de esta eterna galería sin título

que es la ciudad y sus imágenes, habitándonos.

 

 

Nada

Esto es aquí, ahora.

Sucede algo de tiempo ininteligible,

estremece la contención de mi pasado.

Es como túnel que se abre en todas direcciones,

permeando residuos, ideas inconclusas.

Ya no hay fiesta en la ciudad

sólo nubes invernales deshaciéndose

―impredecibles― entre las celdas.

Cajas vacías, objetos no deseados,

inercia, aciago de un domingo

ovillándose en sí mismo.

Están las palabras y conspiran.

Cualquier lugar no te libra

ni la cerveza, el sexo, o su ausencia.

Entonces, ¿qué simboliza esta sustancia que me rodea,

ese algo como una costra antigua

desmoronándose a mi costado?

Nada.

 

 

Esta casa engrandece por su ausencia

Dos higos verdes asoman.

Un agua de tormenta oscila por hojas de la higuera.

Cálidas sombras remueven en mi cuerpo,

escombro de cierta hora nocturna.

Sonidos de aves escampan con la lluvia.

Las nubes concentran lejanía.

Él ya se ha ido.

Esta casa engrandece por su ausencia.

Todavía pulsa en mi hombro

el paso hambriento de su boca.

 

 

Insomne

Hoy desperté con el peso del mundo

colgando de los párpados.

 

No hay nada.

 

Nada en el verdor frutal que me rodea.

Nada en el enjambre del ruido y su colmena.

Nada en estos cuerpos sudorosos.

Esta piel oscura sólo busca tu boca.

 

 

Meandro

¿Con qué palabras describes el curso del río?

Meandro, sinuoso, pulso, prolongación, corriente.

¿Con qué las cosas que deja el tiempo porque no le pertenecen?

¿Cómo tus labios, lengua, boca, humedad?

¿Cómo nombrarte si eres cauce abierto?

¿Barandal líquido de un sentimiento que agobia?

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