Edición: diciembre 2016
Nº. de Visitas de 08/05/15 a 28/08/16: 278,284 Visitas  

EDITORIAL

Portada para la edición número 50

Hasta siempre!

Hasta siempre!
Por razones de insuficiencia económica, esta Digna Metáfora, tal como explicamos con antelación en este mismo espacio, se ha visto forzada a cerrar su ciclo periodístico con el consecuente gravoso estado de tensión de sus hacedores, que hicimos todo lo posible para que este medio continuara en pie, incluso en el portal ladignametafora.com.mx . Pero, pese al aviso notificado, no recibimos de ninguna parte los apoyos necesarios para seguir ejerciendo nuestro adorado oficio, con lo que consignamos, con la muerte de La Digna Metáfora, asimismo el simulacro de la sociedad: una aparente democracia de los medios que sólo hace sobrevivir no a los más fuertes y fidedignos sino a los más cargados en las fuentes lisonjeras hacia el Estado y a los que pactan con su simulada parcialidad informativa. Porque un medio no sólo vive de su periodismo, como muchos suponen, sino de la habitual comercialización que proviene de las instituciones públicas y de la iniciativa privada, acostumbrados a conceder su publicidad a los medios domesticados. Cerramos esta efervescente etapa agradeciendo a los numerosos lectores su atención, porque es cierto que un medio de comunicación vive de sus inversionistas y la publicidad, pero también es cierto que se nutre y vive de sus lectores quienes nos dieron múltiples muestras de solidaridad, por lo cual les decimos que nos retiramos entristecidos pero con la cabeza alta, no agachada. Afirmamos que mientras mantuvimos este medio jamás actuamos con indignidad periodística. No mentimos, nunca, para conseguir fines aviesos. Decimos adiós extrañándolos demasiado. Resistimos hasta lo último, pero no podemos mentirnos: es imposible continuar con nuestro trabajo. Gracias. Hasta siempre!

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Portada para la edición número 50

Largo y sinuoso camino

Largo y sinuoso camino
Nos hemos enfrentado, el fin de año, con los números rojos. A pesar del esfuerzo y el oficio, a pesar del arduo y eficaz trabajo del cuerpo periodístico que ha estado de nuestro lado, escribiendo más por convicción que por remuneración, a pesar del interés de numerosos lectores, la edición impresa de La Digna Metáfora se ve en la necesidad de hacer un alto en el camino.


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Poder e indolencia

Poder e indolencia
La muerte de Rafael Tovar y de Teresa no sólo culmina con una ambición personal de continuo poder, demostrado hasta el último minuto de su vida al faltar incluso a la ética profesional que obliga la confesión de una grave enfermedad para renunciar al servicio público ―porque en efecto no es lo mismo, en términos económicos, retirarse de la política estando aún en activo que retirado de ella―, sino finaliza con él, asimismo, toda una época cultural sostenida por una férrea cúpula intelectual que se ciñó a los poderes, entonces virginales, de la cultura mexicana.


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Aquiescencia y temporalidad

Aquiescencia y temporalidad
Que todo el personal eclesiástico tenga ya la autorización papal de perdonar a las mujeres que abortan por necesidad física o por una decisión corporal o por consecuencia moral debido al maltrato o al abuso masculino es algo que no debe pasarse por alto, aunque el permiso sea “temporal” (es decir, la aquiescencia episcopal ha sido registrada con derecho a una caducidad, pronta o demorada, según el barómetro de los vientos por venir), sobre todo porque esta conmiseración proviene de un ámbito que, hoy, cada vez se ciñe más a las contemplaciones de un conservadurismo apegado a una misoginia irredenta que ha caracterizado al mundo construido ideológicamente por la ambición humana. La carta elaborada por el argentino Jorge Mario Bergoglio, Francisco I para la masa católica, durante la cuarta semana del pasado noviembre, una semana antes del 25 de ese mismo mes en que se conmemora el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia Contra las Mujeres, que sufren a diario una natural discriminación de género.


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Odio e indiferencia

Odio e indiferencia
El resultado electoral en Estados Unidos exhibe el aterrador rostro de la realidad social asumido en una faceta desamparada de la cultura: la gravosa desilustración ciudadana producida en gran parte por el uso irresponsable de las nuevas tecnologías que sólo ha beneficiado, multiplicadamente, a un puñado empresarial que no se fatiga en el inventario de novedades aplicadas a los soportes digitales para sumir, aún más, a las masas en distracciones colaterales, superficializando los puntos nodales de la cotidianeidad.